lunes, 5 de enero de 2009

Calimocho dream



Mi bebida estaba caliente. El sabor obsceno del vino sin uvas estaba disuelto en caramelo con un gas carbónico cuya solubilidad
se perdía a medida que aumentaba la temperatura, dejando progresivamente solos en mi gran vaso los taninos bastardos con la glucosa y la mezcla
patentada de ácidos que le daban sabor.

Mientras mi sentidos se relajan, puedo sentir como el alcohol etílico fluye por mis vasos y me deshidrata, anestesiándome. Siento como las trazas de metanol
me amenazan con mareos y resacas.

El morado del calimocho es un color que aprecias cuando cae. Cuando delata al borracho de poco presupuesto al escapar de él por donde le entró, o cuando
faltas a tu promesa sagrada de no derramar la bebida. El calimocho fluye entonces por las ranuras rectas y regulares de los adoquines de la acera, donde se asemeja un
poco a la versión digitalizada de las venas rojas de tus ojos de mañana al mediodía.

Los secretos del alma se van haciendo ridículos y el agua de tu cuerpo deserta, osmotizada por tus riñones, entre esquinas y coches, en cortos ciclos de vejiga.
Mañana te preguntarás de donde vino esa sensación de seco desierto.

El calimocho es un trago largo y de meón. El hielo es un lujo temporal. Las pajas que se juntan para mayor caudal son una dosis de ergonomía.
El concentrado de mora es un maquillaje para el caldorro plebeyo.
Ella se viste de fiesta en un vaso de cristal.
Ella se hace viajera en un vaso de cartón publicitario.
Ella me abandona cuando el vaso se cae.
Ella vuelve a mi cuando yo compro un vaso de calimocho.

El proyecto del calimocho se lleva en la barriga mientras se espera al milagro de la vida.
Cuando yo me lo bebo, la lluvia que cae sobre las vides en primavera se materializa de nuevo entre los coches y esquinas de mi ciudad. Morado estoy por el
morado color que yo le retengo.

Ca-li-mo-cho
La boca emprende un viaje de cuatro pasos, abriéndose bruscamente, lamiendo la punta del paladar, mandando un beso y acabando con un obsceno escupitajo.

El calimocho no te impresiona con argumentos. No te bebe con sutiles sabores. No mete espíritus en tu estómago.
El calimocho es el sucio amante mendigo.

1 comentario:

Abel dijo...

Lo cierto es que no me gusta demasiado el calimocho